El Cultivador

reunidos en esta obra es el octavo, el dedicado al cannabis o bangue , el que aquí más nos interesa. Por eso, hemos rescatado para vosotros sus palabras. El coloquio, en este caso, es introdu- cido por Ruano, movido por el interés sobre la similitud entre la semilla del bangue y la del cáñamo (sí conocido en Europa): “Ruano: Esta semilla se parece a la del cáñamo, solo que es más pequeña y no tan blanca; y este arbolito tam- bién parece cáñamo, así que no tenemos que hablar de él, pues ya sabemos lo que se le aprovecha. Orta: No es cáñamo, porque la semi- lla es más pequeña, y además no es alba como la otra, y los hindús comen esta semilla o sus hojas machacadas para que les ayude a complacer a las mujeres; para esto y para otros efec- tos la toman, como para abrir el apetito, que también para esto ayuda; pero nuestros escritores dicen que el cáñamo corrompe la semilla genital y, además, los ramos de este tienen mucho palo y poca cáscara, al con- trario que el cáñamo”. García de Orta responde a sus dudas, explicando los modos de consumo y usos que de la planta se hacen en Asia, unos usos que no se limitan a la elabo- ración de cuerdas, como sí sucedía en Europa con el cáñamo (utilizado como fibra natural para el cordaje y la industria textil). Por el contrario, el bangue es elixir usado para la búsqueda del placer y de la fantasía propia de las ensoña- ciones o visiones alucinógenas: “Orta: Se hace polvo de estas hojas machacadas, y a veces de la semilla; y algunos le adicionan areca verde, porque emborracha y hace estar fuera de sí, y para lo mismo le mez- clan nuez moscada, y manzana, que tienen el mismo efecto de emborra- char, y otros le ponen clavo, y otros alcanfor de Borneo, y otros ámbar y almizcle, y algunos opio. Quienes hacen esto son los moros que tienen mucho poder; y el provecho que le sacan es estar fuera de sí, como sus- pendidos en el aire y placenteros, y a algunos les da la risa tonta; y ya he oído decir a muchas mujeres que cuando van a ver a algún hombre, lo usan para estar graciosas y con cho- carrerías. Se cuenta que esto fue inventado porque antiguamente los grandes capitanes solían emborra- charse con vino o con opio, o con este bangue para olvidarse de sus trabajos, y no preocuparse y poder dormir, porque a estas personas les atormentaban las vigilias. El gran sultán Badur le decía a Martim Afonso de Sousa, para el que quería lo mejor y a quien descubría sus secretos, que cuando de noche quería ir a Portugal, o a Brasil, o a Turquía, o Arabia, o a Persia no tenía más que tomar un poco de bangue en letuario con azúcares y con las cosas arriba dichas, a lo que llaman maju ”. Esta respuesta suscita una importante curiosidad en Ruano por conocer el alcance de los efectos del bangue , por lo que pregunta: “Ruano: ¿Causa ese efecto placen- tero en todos? Orta: Puedes ser que, en los acos- tumbrados a él no cause ese efecto; pero yo vi a un portugués chocarrero que fue conmigo a Balagate hace mucho tiempo, que habiendo tomado una o dos cucharadas de este letuario, por la noche estuvo borracho, gra- cioso y hablador en extremo en los testimonios que daba; sin embargo se veía triste, por el llanto y por las penas que contaba; quiero decir que mostraba tener en él tristeza y un gran enojo; y a las personas que lo veían o escuchaban les provocaba la risa, como lo hace un borracho nos- tálgico. Mis mozos que lo toman a mis espaldas, dicen que les hacen no sentir los trabajos, y sentirse pla- centeros y les abre el apetito. Y creed que por ser tan usado por tanta gente, no tienemisterio y sí provecho; pero yo no he probado ni lo quiero probar. Muchos portugueses me han contado que lo habían tomado para los mismos efectos, en especial para el de las mujeres. Pero como esta no es medicina de la nuestra, y Dios nos libre de que lo sea, no perdamos más tiempo con esto” 8 . Después de los Colóquios Los Colóquios fueron pronto conocidos por la comunidad científica en Europa. Se hicieron traducciones de la obra (también al latín) e incluso su obra fue completada por autores como Charles de l’Écluse ( Exoticorum libri decem ). De entre sus traducciones, por cercanía, hemos de recordar la que realizó Cris- tóbal Acosta, que incluyó una importante parte de los Colóquios en su Tractado de las drogas ymedicinas de las Indias orientales. Ello fue posible, en parte, porque la obra de Orta era explícitamente católica. Sin embargo, es importante saber que “si, en los Colóquios , Orta insistía en su propio catolicismo, proclamaba asis- tir diariamente a misa o criticaba a Leonhard Fuchs por luterano, no lo hacía por creencia genuina sino por prudencia calculada” 9 . De hecho, según las investigaciones de expertos es posible concluir que “García había decidido trasladarse a Goa tanto por la amenaza de la perse- cución religiosa cuanto por la atracción del Oriente, que permaneció allí cuando Martim Afonso de Sousa volvió a Por- tugal más por temor a la Inquisición que por las investigaciones que des- arrollaba y que sus viajes a la corte del sultánNizamShah o a la isla de Bombay no tenían que ver exclusivamente con Jardines Garcia d’Orta en el Parque das Nações de Lisboa (Paulo Juntas, CC BY-SA 3.0, Wikipedia) García de Orta responde a sus dudas, explicando los modos de consumo y usos que de la planta se hacen en Asia Los Colóquios fueron pronto conocidos por la comunidad científica en Europa 70 pensamiento psiquedélico

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