Tengo dolor crónico y necesito cannabis

Qué hace una persona que sufre dolor crónico. O neuropático. O vómitos incesantes por efecto de la quimioterapia. Qué hace cuando su médico le explica que lo que puede calmarle el dolor y mejorar su calidad de vida no se puede comprar por la vía tradicional porque es una droga ilegal, la marihuana.

Estos pacientes recurren a un club social de cannabis o al mercado negro. En España está permitido el consumo privado y poseer dosis para uso personal. Los clubs de consumo están en la frontera de la legalidad. Allí se consume y se venden cantidades mínimas para uso personal.

No son pocos los pacientes que se sienten estresados y estigmatizados por la situación de clandestinidad. Reclaman al gobierno una regulación que les permita un acceso seguro a preparados estandarizados de la planta. Piden que lo dispensen en farmacias y que el sistema sanitario se encargue de costear los controles de calidad.

Hay colectivos especializados en consumo terapéutico, dejando a un lado el uso recreativo. Uno de ellos es Dosemociones. Lo fundó Carola. Ella se rompió el cóccix de niña cuando patinaba. A los 18 años se lo extirparon. Le dañaron los nervios durante la operación y desde entonces sufre dolor neuropático. Tras pasar 11 veces por el quirófano para intentar repararlo y una etapa de adicción a la morfina para paliar el dolor, hoy a sus 37 años consume una mezcla de dos cannabinoides: el CBD (de efecto sedante e inhibidor del dolor) y THC (la sustancia psicoativa que aprecian aquellos que usan el cannabis con carácter lúdico). Los toma combinados en una proporción tal que no produce colocón y potencia sus propiedades beneficiosas. El remedio artesanal le permite aparcar el dolor y tomar las riendas de su vida desde otro punto de vista.

En España sólo hay un fármaco derivado del cannabis, el Sativex, de GW Pharmaceuticals, que se receta a enfermos de esclerosis múltiple. Disminuye los dolores y los espasmos. Cuesta 510 euros y no lo cubre la seguridad social. El medicamento incluye THC combinado con CBD. Aquellos con otras enfermedades que se pueden beneficiar de los efectos de este medicamento, como el dolor crónico o la artritis, se lamentan porque la aplicación como spray bajo la lengua tarda más de media hora en hacer efecto. Es más inmediato inhalar los vapores de los preparados personalizados por los médicos de las asociaciones cannábicas. Les ayuda cuando el brote de dolor es agudo. El precio también es considerablemente más bajo, ronda los 35 euros. Así se lo han comunicado a la Agencia Española del Medicamento.

La marihuana contiene más de 400 moléculas que están bajo la lupa de las farmacéuticas y los científicos. Son muchísimos los proyectos de investigación con financiación pública que buscan el mejor uso terapéutico de los cannabinoides. Mientras la ciencia avanza a su habitual paso de tortuga, los enfermos, muchas veces desesperados, hacen sus apaños artesanales, cada vez más profesionalizados.

Los médicos que apoyan este movimiento de legalización de venta para uso medicinal ayudan a encontrar la dosis más adecuada a la dolencia de cada paciente. También analizan previamente si no existe ninguna contraindicación para el consumo de cannabis, como antecedentes personales o familiares de esquizofrenia u otras enfermedades psicóticas. Porque el cannabis contribuye al debut de estas enfermedades psiquiátricas y su consumo prolongado produce depresión y aumenta el riesgo de padecer un brote psicótico. También estudian si la medicación que el paciente toma es compatible con el cannabis. Van probando distintas dosis y combinaciones hasta que dan con la adecuada. El paciente se encuentra mejor, duerme tranquilo y está de mejor humor. Ellos y su entorno lo perciben y agradecen.

En estos clubs se realiza casi todo el proceso de fabricación en laboratorios caseros. A partir de los cogollos y la flor preparan aceites para vaporizar o hacer mantequillas. El consumo con fines terapéuticos es oral o sublingual. Fumar es muy mala opción. Allí, para hacer las mezclas con precisión, realizan análisis para conocer el porcentaje de los distintos cannabinoides de potencial uso terapéutico conocidos que contiene la planta, que son seis. Y solo tres los usados habitualmente por estos pacientes experimentales.

Sin embargo, los análisis de pesticidas y metales pesados tienen precios prohibitivos para las asociaciones; rondan los varios miles de euros por muestra analizada. Al paciente no le queda otra que confiar en las buenas practicas de la persona que prepara los productos y cultiva las plantas.

Las asociaciones suelen tener algunas variedades de marihuana destinadas exclusivamente al uso terapéutico. Las cultivan socios con largos años de experiencia en obtener cannabis de características adecuadas para consumo medicinal. En Madrid hay un dispensario. Es uno de los grandes logros de la lucha de este colectivo, que se ha reunido con PSOE, Ciudadanos y Podemos. PP no los ha recibido.

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