Cáñamo industrial: Las perspectivas de 2016

Tras muchos años en los que el cultivo de cáñamo industrial ha sido prácticamente irrelevante en el sistema de producción agrícola en España, parece que el cáñamo va poco a poco ganando terreno cada año y las perspectivas siguen al alza. La EIHA (European Industrial Hemp Association) ha hecho públicas recientemente las cifras de la superficie cultivada con cáñamo industrial en España en la temporada 2015.

Ramón Servia – Ingeniero Técnico Agrícola (Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.»>)

         Aunque no se indica la metodología para la recolección de los datos publicados, hay varias empresas españolas que son miembros de la EIHA, por lo que se supone que estos han podido recoger los datos de sus socios en España. Algunas de estas empresas son: Inversiones Tamarit, Valhemp, Celesa e Índica Sur.

         Los datos publicados son los siguientes:

Francia: 11.450Ha
Lituania: 2.367Ha
Italia: 2.070Ha
Holanda: 1.842Ha
Croacia: 1.600Ha
Alemania: 1.486Ha
Rumanía: 817Ha
Finlandia: 740Ha
Eslovenia: 500Ha
Rep. Checa: 480Ha
Ucrania: 400Ha
Polonia: 380Ha
Austria: 367Ha
Dinamarca: 273Ha
Eslovaquia: 146Ha
España: 122Ha
Hungría: 96Ha
Serbia: 60Ha
Letonia: 23Ha
Portugal: 5Ha
Reino Unido: sin datos
Estonia: sin datos
Noruega: sin datos
Suecia: sin datos
Bulgaria: sin datos
Grecia: sin datos
Bélgica: sin datos
Irlanda: sin datos

Total registrado en Europa: 25.224Ha

         Las 122Ha registradas en España se reparten de la siguiente forma:

Índica Sur: 40Ha
Galihemp: 30Ha
Otros: 25Ha
Fénix Cáñamo: 15Ha
Alsativa: 10Ha
Catalunia (?): 2Ha

            Independientemente de la exactitud de las cifras expuestas anteriormente, el hecho de tener un listado de referencia a nivel europeo ya supone un paso adelante respecto al silencio y la falta de datos por parte del ministerio de agricultura tras el famoso escándalo del fraude en las subvenciones agrícolas procedentes de fondos europeos para la producción de fibras naturales (cáñamo y lino).

            Aunque cada vez son más conocidas entre la población general todas las aplicaciones potenciales de este cultivo, el boom actual del CBD (cannabidiol) es, sin duda, uno de los motivos principales del aumento de la superficie agrícola destinada al cultivo de cáñamo industrial en Europa y en España en particular.

            En este sentido es importante resaltar que el aprovechamiento comercial (rentabilizar la inversión en el cultivo, cosecha y procesado) del CBD no es una tarea sencilla ni mucho menos, y la ausencia de una regulación efectiva por parte del estado (tanto desde el punto de vista agrícola como sanitario) pone a los agricultores, productores y transformadores de productos derivados del cáñamo en una clara posición de inferioridad respecto a sus homólogos europeos, o al menos respecto a algunos de ellos como los checos, alemanes, holandeses o franceses.

            Cada día que pasa aparecen nuevas evidencias científicas acerca del potencial terapéutico del CBD y del sistema endocannabinoide en general. Todas las aplicaciones terapéuticas de este compuesto y la ausencia de efectos secundarios relevantes o psicoactividad hacen que los extractos ricos en CBD puedan ser de gran ayuda en el tratamiento de muchísimas patologías a las que a día de hoy la farmacología moderna no puede ofrecer soluciones efectivas. Todos estos avances y nuevas evidencias no modifican el hecho de que el cannabis y sus derivados se encuentran en la lista N.º1 de sustancias prohibidas, ¡aquellas que no poseen potencial terapéutico y alto riesgo de adicción! Por este motivo prácticamente no existe un canal comercial directo entre las producciones agrícolas de cáñamo y el público general.

            En primer lugar, si se quisiera emplear el cáñamo (entendido cáñamo como las variedades de cannabis que apenas generan THC) como tratamiento para determinadas enfermedades, necesariamente ha de ser cultivado y transformado bajo ciertas condiciones con el fin de garantizar su seguridad. Para este motivo podríamos equipararlo según las condiciones exigidas para los productores de cannabis medicinal en Canadá, Holanda o Israel, donde el cultivo se realiza en ambientes controlados (invernaderos o indoor). En el caso de la plantación de cannabis llevada a cabo en Chile por la fundación Daya con fines de investigación, se trata de una plantación al aire libre de la que se obtendrá materia prima para la elaboración de extractos medicinales, por lo que el control y garantía de calidad se aplicará al producto final y no al cultivo.

            En la mayoría de los programas de marihuana medicinal el cultivo debe realizarse en instalaciones con condiciones ambientales controladas, por lo que los cultivos realizados en condiciones ambientales como en el caso del cáñamo industrial no serían aptos para este fin, aunque si el producto final es un extracto, se pueden realizar sobre éste todos los controles (cannabinoides, microbiológico, metales pesados y pesticidas) necesarios para determinar su seguridad. El problema en este caso es que los resultados no son reproducibles, puesto que cada cosecha tendrá unas características determinadas que dependerán de las condiciones ambientales de cada temporada y éstas serán variables. Si añadimos a estas consideraciones las exigentes condiciones exigidas a los productos destinados a uso farmacéutico o médico hace que podamos descartar que los derivados de las cosechas agrícolas entren en este circuito.

            El siguiente grado en cuanto a requisitos exigidos sería el de los complementos dietéticos o alimenticios, donde se podrían incluir los preparados a base de CBD elaborados bajo ciertas condiciones partiendo de extractos de algún tipo. El principal inconveniente para este tipo de productos es que se necesita realizar la extracción de los principios activos de la planta, cosa que está prohibida por los tratados internacionales, aunque los estados miembros pueden realizar excepciones. En España el órgano que podría conceder excepciones de este tipo sería la Agencia Española del Medicamento y Productos Sanitarios, que hasta el momento mantiene que no se ha concedido nunca este tipo de licencia. Algunos países europeos han concedido este tipo de licencias y en otros se tolera la extracción, pero tanto empresas como iniciativas particulares realizan diferentes extracciones y procesados ignorando la prohibición.

            El grado más básico en cuanto a requisitos exigidos sería el grado de producto alimentario, el que se aplica generalmente a los productos elaborados a base de semilla de cáñamo. Aunque se ha extendido la creencia de que el límite máximo autorizado de contenido en THC es 0,2%, en realidad la normativa alimentaria europea establece un contenido máximo de THC en alimentos de 5 ppm (partes por millón), o lo que es lo mismo 0,0005%.

            Si quedar por debajo de 0,2% en la flor de la planta ya es complicado, no superar 5 ppm de THC en los productos elaborados resulta una tarea imposible, especialmente en el sur de Europa. Por ejemplo, las semillas de cáñamo en sí no contienen cannabinoides, pero durante la cosecha y tratamiento de la semilla siempre encontraremos pequeñas cantidades de tricoma que serían suficientes para superar el límite. Una nueva publicación realizada por el Nova Institut alemán propone aumentar al doble el límite de THC, siendo esta propuesta en todo caso insuficiente si la comparamos por ejemplo con Suiza, donde los límites serían hasta 4 o 5 veces superiores dependiendo del tipo de producto alimentario (aceite de semilla, harina, proteína, etc…). Por supuesto que si aplicamos este límite a los extractos de cáñamo se necesitaría purificar hasta el extremo el CBD para no tener THC.

            Las estimaciones para el 2016 indican un aumento continuado en la superficie agrícola destinada al cultivo de cáñamo industrial, pero la ausencia de centros de transformación para procesar la fibra en productos de construcción o textiles, junto con los bajos precios de la semilla a granel, hacen que los agricultores cuenten con el aprovechamiento de las flores y el CBD como principal fuente de ingresos pero, como ya hemos visto, los aspectos legales que rodean a estos productos los convierten en una actividad de riesgo.

            Cada vez es mayor el número de investigaciones sobre el cáñamo y los cannabinoides, así como el interés de agricultores, transformadores y usuarios. Pero hasta el momento en nuestro país no se ha podido superar la barrera que supone la prohibición, el estigma y el desconocimiento general sobre este cultivo. Sin una regulación integral que se base en evidencias científicas y sociales difícilmente podremos entrar a competir en el mercado mundial del cáñamo. Como hemos visto, España, actualmente, ocupa el lugar N.º 16 en Europa en cuanto a superficie cultivada. Eslovenia (hay más vascos que eslovenos) ocupa el N.º 9 con más de 500Ha, pero sin embargo sigue encarcelando a los activistas que proveen de extractos de cannabis a los pacientes que lo necesitan, como en el caso de Bozidar Radisic.

            El cannabis es una de las sustancias más seguras para aliviar dolores y todo tipo de dolencias y sabemos que puede usarse en un sinfín de terapias (creo que el hecho de cultivar tus plantas es una de las actividades que aporta más bienestar a quien lo hace), aunque el THC puede tener efectos indeseados por muchas personas, muchas otras los disfrutan. Las limitaciones impuestas al contenido en THC cuando se habla de cultivos extensivos para producir flor, semillas y fibra para fines alimentarios, así como la producción de todos los derivados comestibles posibles, es una política funesta, impide el libre desarrollo de una industria agrícola del cannabis así como el bienestar general de la población y de los pacientes en particular. En el caso particular de la península ibérica, necesitamos un enorme esfuerzo de educación y concienciación de las autoridades por nuestra parte: los agricultores, cultivadores, usuarios y demás gentes de buen entender que conocemos y queremos a nuestra planta amiga.

            Las leyes las tenemos para poder funcionar en sociedad, y una ley que niega la evidencia científica del uso medicinal de esta planta es una lacra que pesa demasiado, creando malestar, penas de cárcel y guerra. ¡Participemos en la modificación de esas leyes, propaguemosel conocimiento científico y hagamos realidad lo que llevamos ansiando tantísimos años! ¡Freedom to farm!

P.D.: Se lo debemos a Joep.

      

 

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